Ese día amaneció como cualquier otro, la agenda de la jornada estaba llena de actividades, el calendario apuntaba planes para las próximas semanas y meses, la familia requería la atención con diversas necesidades y en la cabeza había varias responsabilidades laborales. Pero, entonces, sin pedir permiso, todo se frenó. Todo cambió. Las prioridades se dieron la vuelta por un puñado de palabras. Unas palabras que han escuchado hoy cerca de 800 personas en nuestro país, que han recibido un diagnóstico de un cáncer. Escuchar esas palabras no estaba en las previsiones de estas personas, no deseaban escucharlas, no contaban con esta circunstancia y, sin embargo, les ha cambiado la vida.
A partir de ese momento el tiempo se medirá y se vivirá de otra manera, se contará de forma diferente. A partir de ese puñado de palabras los planes en la agenda serán otros, tendrán otra importancia, también otro valor y se incluirán otro tipo de citas.
No se les olvidará lo que tenían previsto hacer aquella mañana cuando escucharon la palabra cáncer, con qué idea fueron a la consulta, qué les pasó por la cabeza cuando oían lo que no querían… No se olvidarán casi de ningún detalle porque a partir de ahí los sabores de la vida se degustarán de forma diferente, las lágrimas quizá asomen más a menudo, vivirán momentos duros, se adaptarán como puedan a las nuevas circunstancias, tendrán miedos y cambiarán muchas cosas en sus vidas.
Después de levantarse de aquella silla, tras un diagnóstico, que a veces cuesta comprender, vienen situaciones como la negación, la incomprensión, el miedo o la incertidumbre. El cáncer suele implicar procesos prolongados, decisiones complejas y un impacto que trasciende lo estrictamente biomédico, afectando a la vida personal, familiar, social y laboral. La incertidumbre, el desgaste emocional y la necesidad de apoyos múltiples forman parte de estas trayectorias. Por este motivo, los pacientes y familiares reclaman una atención oncológica más humana e integral.
Para hablar de humanización es importante entender que el cáncer, para cada paciente, y su entorno, es único, es su tumor, y se traduce en unas necesidades concretas.
Es importante entender que el cáncer tiene consecuencias e implicaciones en la salud, pero también en aspectos sociales, familiares, laborales, económicos, emocionales y que cada paciente necesita personalizar también la atención a cada una de esas necesidades. Humanizar la atención implica situar a la persona en el centro del sistema, no solo desde una perspectiva relacional o ética, sino también como un elemento con impacto directo en la salud, en los resultados clínicos y en la experiencia del proceso asistencial. Escuchar la voz del paciente debe ser una prioridad para, en primer lugar, entender y comprender, pero, también, para acompañar y adaptar la atención a las necesidades de cada paciente y su entorno.
La atención integral al paciente, la participación y autonomía de las personas con cáncer, generar nuevos espacios asistenciales y fomentar el bienestar y la formación de los profesionales sanitarios deben ser los ejes de actuación y desarrollo de un nuevo modelo de atención más humana e integral.
- Contribuyamos a integrar el bienestar psicológico y social como un derecho estructural, inseparable del cuidado clínico a lo largo de todo el proceso asistencial, desde el diagnostico hasta la supervivencia o los cuidados al final de la vida.
- Contribuyamos a garantizar el derecho de cada persona a comprender su situación, tomar decisiones informadas sobre su salud y participar en el sistema que la atiende
- Contribuyamos a mejorar todos aquellos elementos que determinan profundamente la experiencia de las personas, los tiempos, los circuitos, la burocracia, la intimidad o los espacios asistenciales.
Una atención integral y más humana supone escuchar a quien mejor conoce el cáncer, es decir, las personas con cáncer y su entorno. Ellos lo enfrentan, ellos conviven con la enfermedad. Escuchar al paciente, pero también, saber explicar para que la persona con cáncer entienda su situación en cada momento y pueda tomar decisiones de forma conjunta con los profesionales. Humanizar también es apoyar a quienes cuidan, cuidar a los cuidadores, porque su bienestar es también el bienestar de la persona con cáncer.
Este 4 de febrero, Día Mundial Contra el Cáncer, es una oportunidad para poner en valor la escucha con el fin de adaptar la atención a cada persona con cáncer y sus necesidades. Para alcanzar un compromiso común para que se escuche la voz de cada paciente.
Este 4 de febrero es una oportunidad para aminorar los obstáculos que los pacientes encuentran en su proceso contra el cáncer a través de una red compacta y personalizada de atención, apoyo y más servicios a pacientes y familiares que respondan a sus necesidades.
Este 4 de febrero es una oportunidad para mejorar los entornos asistenciales de los pacientes.
Este 4 de febrero es una oportunidad para alcanzar el compromiso de todos, por una atención integral y más humana frente al mayor reto sociosanitario que tenemos como sociedad: el cáncer.

